“¿Qué es un bloqueo neuromuscular?”

 

Lo que nos ata adonde estamos y nos impide dar pasos hacia lo que queremos tiene su origen en aprendizajes que hicimos y que están grabados en la memoria de nuestro cuerpo. Esas experiencias disparan de modo automático: creencias, pensamientos, emociones y comportamientos con las consiguientes sensaciones desagradables que nos impiden avanzar en la dirección que queremos. Crean así, de manera repetitiva, el mismo tipo de situaciones una y otra vez.

 

¿Qué son esos automatismos?

 

Los humanos (al igual que otras especies) hemos sido dotados de manera innata de un conjunto de respuestas instintivas para hacer frente a las amenazas del ambiente, adaptarnos a él y proteger la propia vida. Éstas, también llamadas estrategias de supervivencia, pueden tomar las formas de huida, lucha, inmovilización o encierro en uno mismo. Asociado a este funcionamiento de defensa se halla el mecanismo que, una vez pasado el “peligro”, regula y digiere la gran cantidad de energía que el cuerpo ha generado para hacer frente a la “amenaza”.

 

Hasta aquí todo bien de no ser porque las personas hemos aprendido a utilizar nuestra parte racional para ignorar y reprimir esta función. Las sensaciones generadas por las respuestas de supervivencia pueden ser tan intensas y desbordantes, que si en el momento de percibirlas creemos que no tenemos los recursos para gestionarlas, hacemos todo lo posible para evitar sentirlas (huida). Con nuestra “cabeza” forzamos al “cuerpo” a contenerse, contraerse y cerrarse.

 

De esta manera, sin saberlo, impedimos que experiencias fueran “digeridas” y  las tensiones que de ello se derivaron pasaron a ser almacenadas en los tejidos y músculos, quedando la huella en nuestra neurología. Así se generan nuestros síntomas y dificultades. A esto se le denomina bloqueo neuromuscular.

 

A partir de entonces, cada vez que nuestro inconsciente hace la lectura de encontrarse en las mismas situaciones de “peligro”,  dispara la estrategia de supervivencia aprendida en su momento para cada situación (generalmente de bien pequeños), activando la zona del cuerpo donde la energía sigue contenida.

 

Si las situaciones de tensión son constantes en nuestra vida y duran en el tiempo, corremos el riesgo de quedarnos en un estado de alerta permanente reaccionando de manera automáticamente desafortunada al mínimo estímulo. Activando una y otra vez la misma respuesta.  Generando más y más energía. Reprimiéndola y almacenándola en forma de tensión. Si el momento llega en que el sistema nervioso no es capaz de mantener o recuperar el equilibrio y se ve continuamente desbordado aparecen desórdenes más severos.

 

Para que un desbloqueo neuromuscular se produzca es necesaria la creación de un contexto seguro donde sostener, cuidar y acompañar a la persona en la re-activación del proceso natural que en su momento quedó interrumpido, para que retome y cumpla su función en el momento presente y pueda “digerir” de manera gradual la energía contenida hasta su completa liberación.

 

Con ello, se abre una fase de transformación, aprendizaje e integración de la experiencia en cuestión. Aquello que se repetía en nosotros de manera automática, cesa de hacerlo. Y pasamos a estar “una capa” más cerca de Ser quienes Somos Realmente.